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Tendencias en la movilidad post-Covid
24 de agosto de 2020

Es probable que los cambios en el uso y demanda de movilidad provocados por la COVID-19 se mantengan en los próximos años. La colaboración público-privada puede reinventar el transporte del futuro, substituyendo la red de transporte rígida existente por una movilidad inteligente que gestione el transporte de manera eficiente, rentable y segura.

 

Caída de la demanda de movilidad

Los hábitos formados durante la pandemia, como el teletrabajo, permanecer en casa tanto como sea posible y evitar los espacios públicos, especialmente el transporte público, pueden demorar mucho tiempo en revertirse:

  • Cambios en el propósito del viaje (menos viajes a los lugares de trabajo, más para las necesidades del hogar).
  • Reprogramación de los viajes (escalonamiento de las horas pico).
  • Aumento del teletrabajo. Una mezcla de teletrabajo y trabajo en la oficina parece ser el escenario más probable para el futuro a largo plazo.
  • Relocalización de los desplazamientos (más viajes cortos, locales).
  • Reducción de las actividades culturales y de ocio, del turismo y de los viajes de negocios.
  • Aceleración del comercio electrónico y la consiguiente reducción de los viajes personales.

 

Giro hacia la movilidad privada

Una proporción cada vez mayor de los usuarios que han vuelto a desplazarse ha optado por la movilidad privada (bicicleta, a pie, automóvil), pero muchos desplazamientos que los ciudadanos han dejado de hacer también han sido ocupados por servicios de reparto:

  • La demanda de comercio electrónico y de entrega a domicilio se han disparado. La actividad de los repartos de última milla ha experimentado un auge, y las tasas de entregas a domicilio se han duplicado con creces en algunos países.
  • Muchas autoridades fomentan el uso de la bicicleta y el caminar, mientras que el "giro hacia los coches" ya es una realidad en algunos países, como China.

 

Aumento de la complejidad operacional del transporte público

Las reglamentaciones sobre la gestión de los espacios públicos y la percepción del riesgo por parte de los usuarios han aumentado la complejidad de la gestión del transporte público:

  • Los gastos de funcionamiento han aumentado debido a las medidas adicionales de salud e higiene, como la limpieza de superficies, substitución de mecanismos e interfaces que requieren interacción a través del contacto por otras que se activan a distancia.
  • Aumento de percepción del riesgo de los usuarios asociada a la salud y la higiene. Las personas tratan de mantener el distanciamiento físico durante los viajes y evitan el contacto con superficies por la posibilidad de infección.

 

Modelo unificado de la gestión de la movilidad

Por un lado, las ciudades que habían avanzado hacia la multipolaridad antes de la pandemia ven ahora la oportunidad de acelerar sus planes. La tendencia hacia la relocalización de los desplazamientos favorece a aquellas ciudades donde los ciudadanos pueden acceder a servicios y productos próximos para resolver sus necesidades. Por el contrario, las ciudades con los servicios concentrados en un centro o alejados en la periferia exigen un mayor número de desplazamientos y de mayor distancia.

 

Por otro lado, la necesidad de la integración multimodal de los sistemas de transporte, está impulsando a los operadores de transporte público a acelerar la digitalización de su oferta:

  • Gestión eficiente del espacio y los flujos de pasajeros en función de la ocupación para reemplazar o complementar las rutas de bajo rendimiento.
  • Transacciones sin contacto para la emisión de billetes y el pago.
  • Información de los pasajeros en tiempo real sobre horarios modificados y nivel de ocupación de los vehículos.

 

El modelo de “Mobilidad como Servicio” (MaaS) podría contribuir a aumentar la resistencia del sistema y a restablecer la confianza de los usuarios, pero hoy en día está todavía muy limitada a unas pocas ciudades. Además, es probable que la crisis de COVID-19 tenga un impacto negativo, ya que su modelo de negocio gira en gran medida en torno a la movilidad compartida, que ha sufrido el colapso de la demanda.

 

El desarrollo de un MaaS adaptado al contexto actual requeriría el establecimiento de un modelo unificado de gestión de la movilidad, que incluye la participación de los actores públicos y privados y los representantes de los usuarios, así como la capacidad de abarcar tanto la movilidad de pasajeros como de mercancías.

 


 

Susana Gonzalez Ruiz

Observatorio amec

sgonzalez@amec.es

 

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