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¿Cómo será el mundo post COVID-19?
2 de abril de 2020

En estos días de desconcierto y adaptación, son numerosos los artículos de expertos y opinadores sobre las consecuencias de la crisis del Covid-19 sobre el futuro de la economía global. Desde mi punto de vista, la mayor parte de las tendencias o escenarios que se están previendo reflejan una aceleración de tendencias de fondo en las que ya estábamos sumidos. Algunas de ellas  las apuntábamos desde el Observatorio amec en el último trimestre de 2019, en el artículo La nueva etapa de la globalización (http://www.amec.es/la-nueva-etapa-de-la-globalizacion/). 

Repasando algunas de estas tendencias, una de las más evidentes es que la economía post COVID-19 exigirá una mayor capacidad de las redes de telecomunicaciones. El confinamiento en sus domicilios de millones de personas está poniendo en evidencia la viabilidad de los procesos de teletrabajo, lo que generará su normalización y, por ende, una necesidad de un despliegue de un mayor ancho de banda, como el que provee la tecnología 5G. 

 

Asimismo, el shock en las cadenas de producción manufactureras por la falta de disponibilidad de trabajadores confinados en sus casas acelerará los procesos de robotización en las fábricas, y se agravará la expulsión de personas del mercado laboral, lo que pondrá fuertemente sobre la mesa el debate de la Renta Básica Universal

 

El rompimiento de las cadenas de valor globales, ya iniciado por los movimientos proteccionistas, se ha hecho evidente, obligando a cerrar fábricas o disminuir la producción por falta de materias primas o bienes intermedios. El reshoring y la diversificación de fuentes de aprovisionamiento se acelerará, con una posible consecuencia de incremento de los precios

 

También se acelerará la inmaterialización de los flujos comerciales. La tecnología actual permite en muchos casos evitar el transporte de mercancías sustituyéndola por el envío de planos y diseños online para producir cerca del consumidor. El cierre de fronteras y los límites al movimiento de personas pondrá en la agenda de las empresas esta alternativa, que en muchos casos se mantendrá después de la crisis. 

 

Los cambios en la geopolítica se harán evidentes. El papel de China en la lucha contra el virus y el papel que está jugando y jugará en el escenario mundial para ayudar a otras naciones a superarlo serán fundamentales. Ante la inacción norteamericana, el softpower chino ha puesto la máquina a todo gas, y en pocas semanas ya se está notando un cambio en la percepción de las sociedades internacionales sobre este país. 

 

La crisis de la construcción europea y de nuestro papel geopolítico en el mundo puede acrecentarse enormemente. El cierre de fronteras, la falta de solidaridad demostrada estos días entre los estados europeos, y la parálisis de la Comisión, son gasolina para el fuego antieuropeo propugnado por posiciones populistas, y que alimentan crisis como la del Brexit o la previsible reducción del presupuesto comunitario. 

La crisis demográfica en algunas economías occidentales o en la propia China puede hacerse aún más evidente si el cierre de fronteras y la aversión al contacto con extranjeros se consolida. La inmigración es claramente la solución para paliar los problemas provocados por el envejecimiento de la población. La posibilidad de un babyboom provocado por el confinamiento o las teorías malthusianas de reequilibrio demográfico gracias al virus propuestas por teóricos de la conspiración que circulan en los grupos de Whasapp, mejor dejarlas para lo que son: puras bromas. 

 

La evidencia de la reducción de la contaminación con la ralentización de la economía dará un mayor altavoz a las tesis que propugnan modelos de producción más sostenibles e incluso propuestas menos consumistas o de decrecimiento

 

La reacción de muchas empresas, una gran parte fomentando el teletrabajo entre sus empleados, otras intentando mantener los puestos de trabajo en la medida de lo posible, otras cambiando sus líneas de producción para ofrecer de manera urgente materiales al sector sanitario, demuestra que una gran parte del sector empresarial tiene claro que su propósito y su función en la sociedad va más allá de generar valor a sus accionistas. Esta manera de hacer de muchas empresas estaba estos últimos meses en el debate entre el mundo empresarial internacional, como se demostró en el último encuentro de Davos. La crisis del coronavirus pone en evidencia que son ya muchas empresas comprometidas con sus comunidades. 

 

En mundo hipertecnológico e hiperconectado, parecía que todo lo humano - las relaciones, las competencias, etc. - había pasado a un segundo plano, dada la precisión y eficiencia que nos ofrecen las máquinas. No obstante, son muchos los pensadores que insisten en que precisamente lo humano será aquello que nos diferencie, y serán aquellas empresas y territorios que sepan ponerlo en valor, las que serán más competitivas en el futuro. Con esta crisis están saliendo a relucir valores eminentemente humanos como la empatía, la solidaridad o la colaboración, y su reubicación en el catálogo de competencias necesarias para las empresas se está acelerará

 

La crisis del coronavirus, en definitiva, está poniendo en evidencia algunas de las fragilidades de un sistema que ya estaba en transición hacia una nueva etapa, como exponía hace unos meses el Observatorio amec, o incluso hacia un nuevo sistema totalmente diferente. Nos encontramos ahora en un momento “inter-regnos”, y debemos ser capaces de gobernar esta transición. 

 

En este periodo todos debemos hacer nuestros deberes: las personas, las empresas y las administraciones públicas. Se habla de un nuevo Plan Marshall en la Unión Europea, que inunde de liquidez la economía para salir de la crisis provocada por el virus. En los próximos días, semanas y meses, serán muy importantes las decisiones de nuestros políticos con relación a los destinos de las inversiones. Economía productiva e industria, Pymes, innovación e I+D, deberían ganar la batalla, al menos por una vez, a la economía financiera y especulativa. 

 

Es el momento de recuperar la política económica e industrial. La Política en mayúsculas.  

Diego Guri. Subdirector de amec
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