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Aumenta la necesidad de protección del personal desplazado en el futuro reinicio de los viajes
22 de marzo de 2021

Oscar Rodríguez. Grupo PACC

 

 

 

 

 

 

 

Óscar Rodríguez

Grupo PACC

 

 

Transcurrido ya un año, inmersos en la pandemia de la Covid 19, con ciertos atisbos de solución a la dura situación socioeconómica en la que nos encontramos sumidos, las organizaciones empresariales, cada una desde su perspectiva individual y sectorial, y especialmente las exportadoras, empiezan a plantearse como afrontar, en el corto y medio plazo, las sinergias comerciales que han quedado adormecidas forzosamente durante este periodo de confinamiento total o parcial. Se percibe el ánimo de recuperar el tiempo perdido y la necesidad de restablecer las relaciones comerciales y la confianza entre clientes y proveedores.

 

Temporalmente, durante este tiempo, y por motivos operativos de las organizaciones, se han mantenido los desplazamientos imprescindibles, con las innumerables dificultades y peligros que ello ha comportado. Sin embargo, se prevé que el volumen de desplazamientos crecerá exponencialmente precisamente por el hecho de restablecer, lo antes posible, dicha confianza entre los diferentes actores de la relación comercial. Por tanto, los riesgos inherentes a dichos desplazamientos se multiplicarán exponencialmente por el mero hecho del aumento de la movilidad empresarial. Además,  la situación pandémica mundial conlleva el aumento de otras variables de riesgo que acompañan al propio del aumento de la movilidad.

 

Entre ellos cabe destacar el del aumento de la delincuencia, motivada por la crisis económica que afecta a nivel mundial, y especialmente en los países en desarrollo o emergentes, en los que la brecha social se profundizará con rapidez. Todo ello no solo reforzará la delincuencia estructural existente, sino que provocará el aumento de la denominada “delincuencia circunstancial”, entendiendo ésta como la necesidad perentoria de supervivencia de aquellas capas sociales que debido a la crisis económica se han visto abocadas a la pobreza, siendo el colectivo de viajeros de negocios un objetivo prioritario.

 

Además, dicha “delincuencia circunstancial”, que puede manifestarse en forma de secuestros exprés, secuestros consumados, amenazas, etc., es susceptible de ir acompañada de la propia inexperiencia del delincuente circunstancial, que por si misma puede provocar situaciones de extremo peligro, violentas e incoherentes. Estas situaciones ponen en peligro la integridad de las personas objeto del ataque y la responsabilidad penal y civil de las empresas y sus directivos por hallarse dichas personas bajo la dependencia de sus organizaciones durante el viaje de negocios.

 

Asimismo, encontramos situaciones en las que los trabajadores desplazados por viajes de negocio deben mantener periodos de cuarentena en los hoteles de las ciudades de destino, y ante la incomunicación que ello supone, se ven expuestos a estrategias en las que supuestos trabajadores del servicio del hotel consiguen información del viajero y la empresa a la que pertenecen, con la connivencia de la dirección del hotel e incluso de los cuerpos de seguridad locales, para posteriormente utilizarlos para coaccionar a la familia y/o empresa simulando un "secuestro virtual". Estas nuevas formas de delincuencia se suman a la que ya existían antes de la pandemia. 

 

También, la generalización de la crisis económica, puede conllevar movimientos sociales violentos en dichos países, por lo que, tampoco deberíamos olvidar a los equipos humanos locales que trabajan bajo nuestra dependencia, bien sea como expatriados, bien sea como trabajadores locales, pues todos ellos conforman el  ámbito operacional de la organización como grupo empresarial.

 

Así pues, deben extremarse en mesura las políticas de seguridad, dadas las responsabilidades sociales, civiles y penales que asumen las organizaciones, informando adecuadamente al viajero del riesgo país al cual se le desplaza, proporcionándole la información necesaria preventiva del tipo de país y su casuística delincuencial, entre otras, con las indicaciones adecuadas respecto de cómo proceder en caso de amenaza o intento de secuestro, etc. Todo ello acompañado de herramientas de soporte in situ, como plataformas “hot line” de gestión de crisis como las que proporcionan los seguros de K&R (kidnap&ransom), pues no olvidemos que la gestión correcta de la crisis, en su inicio, puede evitar males mayores, teniendo en cuenta que dicha delincuencia estructural o circunstancial es una delincuencia organizada e implantada incluso en las estructuras administrativas locales y nacionales. Este hecho agrava el riesgo, y solo una gestión externa de la crisis puede proponer soluciones eficientes y mitigar los riesgos que de ella se deriven.

 

La extensión del control de la seguridad a los equipos expatriados o locales corresponde a la dirección general de la matriz como máximo responsable del grupo empresarial, y por ello proporcionar a dichos equipos de las medidas de seguridad necesarias e informar de las políticas de seguridad y herramientas para su cumplimiento y la mitigación de los peligros inherentes al riesgo país (delincuencia, inestabilidad política, sanitaria, etc.) compete a la dirección general de las empresas.

Òscar Rodríguez. Risk Manager de Grupo PACC

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