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La nueva etapa de la Globalización

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A lo largo de la última década, una serie de transformaciones se han ido configurando y retroalimentando entre ellas para dar lugar a una nueva fase de la globalización.

Por Susana Gonzalez

El objetivo de esta nota de prospectiva de amec es reunir las principales transformaciones que están tejiendo esta nueva fase, poniendo especial énfasis en cómo se vinculan entre ellas.

No todas las transformaciones tienen el mismo grado de importancia y, de hecho, muchas de ellas podrían ser abarcadas por otras mucho mayores y sistémicas. Esta lista de factores, más que elementos aislados, debe ser analizada desde un punto de vista en red, en la que diversos nodos abarcan nebulosas de múltiples elementos.

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Descontento social.

El comercio mundial ha crecido año tras año y nuevas (y antiguas) potencias emergen o vuelven a emerger.

No obstante, este crecimiento económico no ha llegado a todas las capas por igual, dejando atrás algunos sectores de la población que incluso han visto empeorar sus condiciones. La crisis financiera mundial golpeó duramente a todo el mundo, afectando especialmente a estos sectores, que ya no recuperarían el nivel de bienestar anterior.

El creciente descontento hacia una globalización y un desarrollo tecnológico, cuyos beneficios sólo revierten en una minoría, ha sido recogido por los discursos populistas, proteccionistas y unilateralistas que ponen en duda los cimientos del sistema económico mundial.

Auge del proteccionismo.

La Comisión Europea reportó una cifra récord de 425 obstáculos activos al comercio y la inversión en 2018 que afectaban a los exportadores de la Unión Europea, confirmando el continuo aumento del proteccionismo, especialmente en China, Rusia, India, Indonesia y Estados Unidos (Comisión Europea, 2019).

Contrariamente a la imagen tradicional de las barreras entendidas como aranceles, los datos muestran que las restricciones que más están creciendo son aquellas relacionadas con los servicios, las inversiones, la contratación pública, los derechos de propiedad intelectual o las barreras técnicas injustificadas.

El informe sobre barreras al comercio y la inversión del G20 también confirma estos datos. Durante el período que va de octubre de 2018 a mayo de 2019, las nuevas medidas de restricción de las importaciones introducidas por estas economías fueron más de tres veces superiores a la media desde mayo de 2012 (OCDE, OMC y UNCTAD, 2019).

Declive de la intensidad del comercio.

Después de la caída del comercio mundial en 2009, la producción y el comercio han continuado creciendo en términos absolutos. Sin embargo, la intensidad del comercio (el porcentaje de la producción que es comerciada entre países) ha disminuido.

Este declive es especialmente pronunciado en las cadenas de valor más complejas, aquellas en las que los productos cruzan las fronteras al menos dos veces para ser importados e integrados en productos que posteriormente serán re-exportados.

Desmaterialización de la creación de valor.

Lo que este declive de la intensidad del comercio mundial esconde es el hecho de que el comercio de servicios está creciendo más rápido que el de bienes. Acostumbrados al tradicional comercio de productos, no nos hemos dado cuenta de que la proporción de los servicios en el comercio, en tanto que valor agregado, ha aumentado más de un tercio entre 1980 y 2009, pasando del 31% al 43% (Dollar, 2019).

En la actualidad, los servicios representan alrededor de la mitad del valor agregado en las exportaciones de los países de la OCDE y crean casi un tercio del valor que se haya en los bienes comerciados.

No sólo se comercian más servicios, sino que para producir bienes finales cada vez se incorporan más elementos intangibles, como la I+D, el diseño, la ingeniería, la distribución y logística o el marketing y la comercialización, que juegan un rol mayor en las cadenas globales de valor.

En una encuesta realizada entre pymes y grandes multinacionales en el sector de la maquinaria y la automatización industrial, principalmente con sede en Europa, el 40% de los participantes esperaban que, en 10 años, los ingresos provenientes de soluciones digitales representarían más del 15% del total de sus ingresos (McKinsey, 2019). Aunque pequeño, este porcentaje es considerable comparándolo con el 5% que representan actualmente.

Tecnologías disruptivas.

Parte de esta desmaterialización del valor del comercio es posibilitado por tecnologías que están cambiando la naturaleza de la producción y el comercio.

La impresión 3D, el 5G, el Internet de las cosas, big data, cloud computing o el blockchain tienen un triple efecto. En primer lugar, aumentan el nivel de componentes basados en conocimiento presentes en los bienes. En segundo lugar, hacen que la producción sea menos intensiva en activos fijos y mano de obra. En tercer lugar, facilitan el comercio a través del acceso a la información y la colaboración a distancia.

Las tecnologías digitales no sólo configuran el comercio de forma directa. También tiene importantes repercusiones a través de las relaciones geopolíticas.

La lucha por el predominio tecnológico entre Estados Unidos y China, como en el caso de la tecnología de quinta generación o 5G, es la lucha por controlar inversiones de miles de millones de dólares. Las empresas que diseñen esta nueva infraestructura tendrán el control sobre el acceso al sistema y, por lo tanto, a aspectos clave como las telecomunicaciones, y las infraestructuras.

China y los mercados emergentes.

El declive en la intensidad del comercio refleja, también, una creciente madurez industrial de las economías emergentes.

Si la industria europea logró crecer más rápido ha sido, en parte, impulsada por una fuerte demanda de China y otros mercados emergentes. No obstante, China está cambiando sus políticas industriales en el contexto de la estrategia “Made in China 2025”, desplazándose hacia una economía impulsada por la inversión, la eficiencia y la productividad.

Desde 2011, el valor agregado interno de China (el valor proveniente de productos fabricados en el propio país) ha aumentado de forma constante (Goldberg, 2019). Es decir, está consumiendo un gran porcentaje de lo que produce.

Este fenómeno también se observa en otras grandes economías emergentes como la India, que exportó en 2002 el 35% de su producción de prendas de vestir, pero para 2017 este porcentaje había caído hasta el 17% conforme los consumidores indios aumentaban su capacidad adquisitiva.

Aunque la tónica general en los demás países es que el valor agregado interno se mantenga estable o disminuya, en consonancia con su mayor integración en las cadenas globales, mercados como la India y, especialmente, China tienen un gran efecto en la tendencia agregada.

China es hoy una potencial a escala mundial. En 2013 se convirtió en la nación comercial de bienes más grande el mundo y es el segundo mayor receptor y emisor de inversión extranjera directa. China es también el mayor receptor de filiales extranjeras en el sector manufacturero.

Regionalización.

Este aumento del consumo en muchos mercados emergentes se ha empezado a reflejar, en parte, en el aumento del comercio de bienes entre países de la misma región.

Así, mientras que en el año 2000 los tres grandes hubs regionales de la época (Estados Unidos, Alemania y Japón) se vinculaban a través de importantes lazos comerciales, en 2017 las actividades comerciales se han concentrado más alrededor de los socios comerciales regionales de Norteamérica, Europa y Asia, debilitándose el enlace directo entre los hubs regionales (OMC, OCDE, Banco Mundial, 2019).

Multipolaridad.

El auge de China ha dado lugar a una creciente multipolaridad de las relaciones internacionales, donde Estados Unidos mantiene su liderazgo como país destino de la inversión extranjera directa y China ha remplazado la posición de Japón como hub asiático, atrayendo a otros países que se encontraban en la esfera de influencia de Estados Unidos.

Protagonismo de la inversión.

En el informe de 2018 del IBM Institute for Business Value sobre las tendencias de localización de los proyectos de inversión internacional, se observa que el número de puestos de trabajo creados a partir de las actividades de inversión exterior había disminuido en 2017, mientras en el número de proyectos aumentaba (IBM, 2018).

Esta aparente contradicción no hacía más que delatar un cambio en la naturaleza de los proyectos: operaciones con poca inversión, cada vez más enfocadas hacia formas intangibles y menos basada en activos fijos, más ligeras en producción y menos intensivas en mano de obra, haciendo la escala menos significativa como fuente de ventaja competitiva para las empresas.

A diferencia de lo que mostraban los modelos tradicionales de internacionalización, el comercio y la inversión son más bien complementarios, en vez de substitutos. Las razones por las que las multinacionales son atraídas por los países son diversas y, en consecuencia, las filiales desarrollan diferentes roles: proyectos greenfield, fusiones y adquisiciones, contratos con socios independientes como la fabricación por encargo, franquicias, licencias, etc.

Las multinacionales funcionan cada vez más como redes dentro de las redes de las cadenas globales de valor. Algunos nodos se centran en actividades productivas, mientras que otros realizan actividades comerciales, de innovación e I+D, operaciones financieras u otras actividades de apoyo.

Pocas multinacionales siguen el modelo puro de integración vertical en el que el producto final es producido por inputs sucesivamente añadidos y transformados dentro de la misma multinacional.

La inversión extranjera directa será cada vez más importante en los próximos años, ya que permite a las empresas convertirse en un actor local, mitigando los efectos del proteccionismo creciente en países como los Estados Unidos o de las economías emergentes, relativamente más cerradas y complejas operacionalmente.

Difuminación de estrategias de internacionalización.

Mientras que las cadenas de suministro tradicionales conectan los diferentes eslabones de proveedores y clientes de forma lineal, la digitalización está facilitando el surgimiento de un nuevo modelo basado en un ecosistema de suministro integrado, donde los flujos de información fluyen en todas direcciones, permitiendo realizar ajustes y responder en tiempo real.

Las empresas no sólo invierten en filiales para acceder a mercados exteriores o producir bienes intermedios. Conforme el componente intangible aumenta su proporción en el valor del comercio, las empresas también buscan ganar acceso al conocimiento y capacidades de las que carecen.

Las empresas combinan comercio, inversión y asociaciones estratégicas. Las colaboraciones estratégicas, como las joint-venture, concesiones franquicias, etc., pueden ser vistas como estadios intermedios entre la exportación y la inversión, siendo más frecuentes en sectores intensivos en conocimiento y de nivel tecnológico alto.

Nuevos modelos de negocio.

La digitalización está creando nuevos modelos de negocio, basados en plataformas, derechos de propiedad intelectual y datos. Del mismo modo, estamos asistiendo al incremento de empresas de “fabricación virtual” que se focalizan en desarrollar bienes y externalizan su producción a fabricantes subcontratados.

Conforme los fabricantes introducen nuevos tipos de leasing, suscripción, y modelos de negocio “as-a-service”, la distinción entre bienes y servicios se difumina progresivamente.

Esto conlleva que nuevos agentes, con experiencia en software, entren en el sector industrial y compitan con los actores tradicionales, al ocupar puntos clave de la cadena de valor con un gran impacto en las características de los productos y servicios que más preocupan a los clientes.

Rapidez de comercialización.

La automatización facilitada por las nuevas tecnologías reduce la importancia de los costes de mano de obra e incrementa la importancia de la rapidez de comercialización en las decisiones de las empresas acerca de dónde producir sus bienes.

Esto podría estar favoreciendo una mayor preferencia por parte de las empresas por localizar sus inversiones y alianzas comerciales en puntos próximos a sus principales mercados.

Colaboración.

Hemos visto cómo las empresas buscan cada vez más su creación de valor a través de ecosistemas colaborativos, especialmente para aquellos elementos del proceso productivo que tienen mayor valor añadido.

Las empresas ponen más foco en alianzas de investigación, colaboración estratégica e integración con sus proveedores de software, plataformas y aplicaciones con el objetivo de obtener capacidades y ganar acceso al mercado.

Ciudades.

El comercio internacional se ha analizado en términos de países, en tanto que entes abstractos y homogéneos. No obstante, el comercio mundial no se produce entre estados, sino entre entidades comerciales y las empresas se encuentran en las ciudades.

Las 50 mayores ciudades en términos de población y PIB per cápita, generan el 21% del PIB mundial, son las sedes del 45% de las grandes empresas, centros de innovación y albergan los mayores puertos de carga y aeropuertos (McKinsey, 2018).

La competencia por la inversión extranjera tiene lugar cada vez más entre ciudades, y las ciudades globales conectadas constituirán la base de la economía global de mañana.

Según una encuesta de A.T.Kearney (2019), casi el 60% de los inversores no inician su proceso de toma de decisiones a nivel país, sino seleccionando la región en la que invertir. Algunos incluso determinan la ciudad en la que quieren invertir analizando las ciudades a nivel global.

Las estrategias a nivel de país ya no ofrecen suficiente foco para muchas empresas. Las empresas que buscan nuevas oportunidades necesitan hacer de las ciudades una parte central de su estrategia.

Gobernanza corporativa.

Ante todos estos cambios, es natural que el mismo rol de las empresas se vea cuestionado. Las empresas no pueden continuar operar de forma aislada, especialmente cuando su actividad genera importantes externalidades.

En parte, como un intento de recuperar la confianza pública ante el creciente descontento social, las empresas adquieren progresivamente un sentido de responsabilidad que va más allá de sus accionistas para incluir a todos aquellos agentes implicados y afectados por su actividad (stakeholders): clientes, empleados, proveedores y comunidades en las que operan.

A este respecto, el Business Roundtable, una asociación de los CEOs más poderosos de los Estados Unidos, se ha manifestado en contra de la primacía de los accionistas, en favor de un modelo de gobernanza empresarial basado en los stakeholders.

Este cambio de modelo empresarial también responde en parte a la importancia creciente de la colaboración para no perder posiciones en la cadena de valor ante el surgimiento de nuevos modelos de negocio basados en servicios y la importancia de la inversión.

Imperativos ecológicos.

Finalmente, junto a todos estos factores que están conformando la nueva globalización, surge un elemento, posiblemente el más disruptor de todos ellos, que configurará los límites de todo el sistema en su conjunto, la sostenibilidad ecológica, económica y social.

Lo que por ahora tiene repercusiones sobre los nuevos hábitos de consumo, el ecodiseño y la economía circular en las empresas, y medidas medioambientales por parte de los gobiernos, en los próximos años se convertirá en el núcleo del sistema.

Poco a poco, los cambios en el medio ambiente empiezan a generar disrupciones con amplias consecuencias. Así, por ejemplo, el deshielo del polo Norte está haciendo cada vez más viable las rutas comerciales por el Ártico.

Las rutas marítimas por el polo Norte permiten reducir el tiempo de viaje entre 15 y 20 días, algo esencial para la velocidad de comercialización que habíamos visto anteriormente.

No obstante, esta nueva alternativa está generando conflictos por el control de las vías comerciales entre Rusia y Estados Unidos, que podrían trasladarse, como en el caso de las tecnologías, al ámbito comercial.

Conclusiones.

Con el inicio de la recuperación, tras la crisis financiera mundial, parecía que todo volvería a la normalidad, pero en los últimos años hemos empezado a observar cómo algunos factores continuaban distorsionados y surgían otros nuevos.

Nos hallamos ante una gran conjunción de transformaciones sociales, económicas, tecnológicas y medioambientales que están dibujando poco a poco un nuevo escenario que va más allá del comercio.

Otra importante conclusión es que, de todas las transformaciones, dos de ellas destacan por no tener vínculos individuales con otras transformaciones, sino por afectar al sistema en su conjunto: son los imperativos ecológicos y las ciudades como foco de la internacionalización.

Iniciamos una nueva etapa de la que aun desconocemos su forma. Se trata de un entorno post-VUCA, en el que nada continuará siendo como había sido hasta ahora, y para el que las empresas deben estar preparadas.


Bibliografía.

 

A.T. Kearney (2018). Global Cities Report 2018.

Business Roundtable (2019). Statement on the Purpose of a Corporation.

Comisión Europea (2019). Report on Trade and Investment Barriers (1 January 2018 – 31 December 2018).

Dollar, D. (2019). Eslabones invisibles. Finanzas & Desarrollo, 56 (2), 50-53.

Goldberg, P.K. (2019). El futuro del comercio. Finanzas & Desarrollo, 56 (2), 20-23.

IBM Institute for Business Value (2018). Global Location Trends 2018.

McKinsey (2018). Superstars. The dynamics of firms, sectors, and cities leading the global economy.

McKinsey (2019). Changing market dynamics. Capturing value in machinery and industrial automation.

OMC, OCDE, Banco Mundial (2019). Global value chain development report 2019.

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