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¿Cómo nos afecta la guerra comercial EEUU-China?

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¿Cómo nos afecta la guerra comercial EEUU-China?

Trump ha roto con la agenda liberalizadora del comercio, desarrollada desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El proteccionismo trumpiano se ha materializado ya en la elevación de los aranceles a las importaciones de acero y aluminio que afectan a un amplio grupo de países (incluida la UE), pero su incidencia global todavía no es muy significativa. Sin embargo, este tipo de medidas podrían extenderse a otros sectores y países, y derivar en una guerra comercial cuyos efectos sobre la actividad económica mundial serían desastrosos.

A corto plazo, un arancel sobre las importaciones se traduce en una reducción del poder de compra de los hogares, porque el encarecimiento de los bienes comprados al exterior recorta su renta disponible. Esto incide de modo negativo en el consumo. El hipotético desplazamiento de éste y de la producción hacia la demanda doméstica al elevarse el precio de las importaciones dependerá de la sustituibilidad entre los bienes producidos localmente y los importados. Las medidas proteccionistas reducen las exportaciones del país que las adopta. Además, la situación de incertidumbre provoca que tanto las empresas como los hogares ahorren más e inviertan menos, conduciendo a un descenso de la actividad económica.

En un reciente estudio del BCE, “Macroeconomic Implications of Increasing Protectionism”, publicado en abril de 2018, se realiza una simulación sobre las consecuencias de una guerra comercial de dos años entre EEUU y China. El BCE estima una caída del PIB de EEUU en 1,5 puntos. China vendería menos bienes a EEUU, pero ganaría mercado en otros países. En cuanto al resto de países, el deterioro de la confianza generado por el conflicto produciría un endurecimiento de las condiciones financieras internacionales, que costaría al PIB mundial una caída de 0,75 puntos. El empeoramiento de la coyuntura internacional terminaría por ser un duro golpe para China. En suma, nadie gana, todos pierden.

En otro estudio del Banco de España, realizado en febrero de 2018, se lleva a cabo una estimación del impacto de las recientes medidas proteccionistas, comparando una situación más laxa con otra de aranceles más agresivos, y analizando las repercusiones sobre el PIB y la inflación de ambas potencias. Los resultados de este estudio indican que la economía de Estados Unidos sería la más afectada, pues su PIB al cabo de cuatro años sería 0,2 puntos menor en la primera simulación, y 0,5 en la segunda. Sin embargo, por el lado de la inflación las medidas proteccionistas atacan con más brusquedad a China, elevándose su inflación en 0,3 puntos para el primer supuesto y en 1 punto para el segundo. Asimismo, el informe declara que los terceros países más afectados serían Canadá y México en primer orden, debido a la estrecha relación comercial que mantienen con Estados Unidos, seguidos en menor medida de la UE, Japón y el resto de Asia respectivamente.

Ante las subidas arancelarias impuestas por Trump al aluminio y al acero, Bruselas ha contraatacado con barreras a productos genuinamente norteamericanos por valor de 2.800 millones de euros. Pero la UE ataca también a China y la denuncia asimismo por “socavar los derechos de propiedad intelectual de las empresas europeas”, que se ven obligadas a “conceder la propiedad o los derechos de uso de su tecnología a entidades nacionales chinas”. Europa envía así un mensaje claro: en esta guerra comercial no hay bandos. Si China y EEUU aumentan tensiones, cualquier efecto en sus economías se dejará sentir en las cadenas de suministro europeas, ya que ambos países son clave para las exportaciones de la UE.

Pese a que Irlanda, Reino Unido y Alemania son los países de la UE que peor parados pueden salir del fuego cruzado entre Washington y Pekín, según El Economista, casi el 7% de las exportaciones españolas está en riesgo por la guerra comercial abierta entre EEUU y China. Aunque nuestro país es uno de los socios europeos menos expuestos a un recrudecimiento de las tensiones, pues sus ventas al exterior se dirigen mayoritariamente a la eurozona, lo cierto es que exporta a las dos grandes potencias casi 18.000 millones de euros anuales, según datos del Ministerio de Economía. El peso de las ventas españolas a estos dos países no ha dejado de crecer. De nuestras ventas, el 4,8% van a parar a EEUU, casi 12.500 millones de euros. El resto, 5.500 millones de euros (el 2,3% del total), tiene como destino China.

Paralelamente, entre 2007 y 2017, las exportaciones de la UE a China, casi se han triplicado, hasta 200.000 millones de euros. Según datos de Bruegel, teniendo en cuenta el incremento de las relaciones comerciales, podría decirse que China es más importante que Estados Unidos en lo que respecta al crecimiento de las exportaciones. Asimismo, Asia exporta mayores volúmenes a la UE que a Estados Unidos. Sin embargo, en el bloque transatlántico (EEUU-UE), los flujos de inversión extranjera directa son más intensos y las políticas proteccionistas menos abusivas. No obstante, las autoridades chinas están impulsando una nueva estrategia comercial para apoyar el crecimiento y se está abriendo a sus socios vecinos y a la UE para mitigar el efecto de la guerra comercial. En el actual panorama de incertidumbre y proteccionismo impulsado por Estados Unidos, la UE y Asia pueden convertirse en campeones de la globalización.

En definitiva, el multilateralismo ya no gira en torno a Estados Unidos. La guerra comercial podría brindar a la UE la oportunidad de impulsar nuevas negociaciones para alcanzar grandes acuerdos. Las relaciones y alianzas euroasiáticas parecen encaminarse hacia un mayor desarrollo y fortalecimiento.

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Paula Camacho Lava
Unidad de Prospectiva de amec

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